sábado, 21 de enero de 2012

(parte 3)
No era una lucecita, era una pequeña hada que revoloteaba alrededor de la estrella. Como una muñequita diminuta, llevaba un vestido blanco pomposo y con destellos, zapatitos brillantes y una corona que parecía hecha con miles de pequeños diamantes.
Dong, dong, dong, dong.
-¡Ah!
El reloj había dado las 4 y esto había sobresaltado a Nadia, dejando así escapar un pequeño gritito. Al ser descubierta, el hada cesó de golpe su peculiar vuelo, que más que vuelo parecía un baile, y desapareció.
Nadia se sentía triste, no había sido su intención asustar al hadita, simplemente quería verla bailar un poco más. Volvió a su habitación cabizbaja y se durmió.
A la mañana siguiente bajaron los tres a abrir los regalos, Nadia aún se preguntaba si lo del hada habría pasado de verdad o lo habría soñado. Estaba abriendo uno de los regalos distraida cuando, de pronto centró toda su atención en el regalo, era la figurita de un hada, la misma que había visto la noche pasada. Le dió cuerda y comenzó a bailar al son de una bonita melodía y, espera, ¿le había guiñado un ojo?

lunes, 2 de enero de 2012

(parte 2)
Sabía que se arriesgaba a ser descubierta por Papá Noel, si acaso había sido él, el que había hecho el ruido, pero la curiosidad pudo con ella. Se bajó de la cama sin pensarlo dos veces y salió de su habitación. A medida que se acercaba a la escalera realentizó el paso, para evitar así, hacer cualquier tipo de ruido. Casi había llegado al final de las escaleras cuando le pareció volver a oir el ruido. Si, cada vez se oía mejor y, ¡espera! ¿Qué era esa lucecita? Una pequeña lucecita en lo alto del árbol de navidad era la causante del tintineo. Se acercó aún más, y más, y más. Poco a poco, hasta que estuvo muy cerca. Su rostro se tornó en una expresión de sorpresa.

domingo, 25 de diciembre de 2011

(parte 1)
Era la noche de navidad y la pequeña Nadia llevaba nerviosa desde por la mañana. Había estado dando vueltas y más vueltas mientras su padre preparaba la cena en la cocina, y también mientras su madre ponía la mesa.
Cuando terminaron de cenar subió corriendo a su habitación y se puso el pijama. Por último, bajó de nuevo al salón para cerciorarse de que todo estaba en su sitio. Alineó los zapatos bajo el árbol perfectamente decorado semanas atrás y subió de nuevo al piso de arriba.
Estaba realmente cansada, y para cuando sus padres entraron a su habitación a darle un beso de buenas noches, Nadia ya se había dormido.
De pronto, Nadia se despertó sobresaltada. ¿Qué había sido ese ruido? Sonaba como una pequeña campanita que tintineara.

sábado, 10 de diciembre de 2011

El cielo está encapotado. Lleva ya encapotado demasiado tiempo para mi gusto. No se cómo deje que esa inmensa nube gris cubriera todo mi cielo, pero ya me he cansado.
Por eso voy a llamar al desencapotador que desencapota para que lo desencapote. Y volverá a ser un día multicolor.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Estaba sola, se sentía melancólica y escuchaba música en la radio. ¡Oh! Una nueva canción, esta no la había oido antes, y la chica canta bastante bien. Se quedó paralizada unos instantes, como dejándose llevar por la música, hipnotizada, y entonces se dió cuenta: realmente, ésta sería una buena canción para escuchar antes de morir. Si, tranquila, con sentimientos. Cerró los ojos, y se dejó envolver por completo por la canción. Tranquilidad, calma, silencio... ¡ALTO! De pronto abrió los ojos. No. Se acabó. ¿Qué era eso de que estaría bien oir esa canción antes de morir? Entonces se dió cuenta de lo mucho que había cambiado en estos últimos meses. Se había ido aislando poco a poco, y se sentía desganada. Ya pocas cosas le interesaban realmente. Pero ¿era eso lo que quería? Dudó un momento. No, no quería limitarse a existir, quería vivir. Estaba decidida.

domingo, 4 de diciembre de 2011

El pequeño buhito está solo. El pequeño buhito teme a la oscuridad pero es nocturno. El pequeño buhito no quiere estar solo, la soledad le da más miedo. El pequeño buhito se preocupa por los que le importan. El pequeño buhito se siente olvidado. El pequeño buhito dice estar bien, pero tal vez miente. Al pequeño buhito tienes que sacarle la información con preguntas y más preguntas. El pequeño buhito sabe que no van a preguntar. El pequeño buhito se resigna, pero no llora. El pequeño buhito podrá con todo aunque esté solo.

martes, 29 de noviembre de 2011

Sally bailaba sensualmente contoneando sus caderas de un lado para otro. Había dejado tras de  sí un reguero de ropa a lo largo de toda la habitación, y ahora, llevaba únicamente un pañuelo semi-transparente de color azul, lo que resaltaba sus ojos.
Él estaba atónito, impresionado, tenía los ojos abiertos como platos y por supuesto, no podía apartar su mirada de ella, pero curiosamente, no se fijaba en su suave cuerpo desnudo, sino en su cara, sus ojos, su sonrisa. Esa sonrisa mágica, una vez que la veías quedabas cautivado por ella, como hipnotizado.
Sally se estaba acercando a él muy lentamente, cada vez más. Entonces le susurró:
- Había pensado que si tal vez no tuvieras nada que hacer mañana yo dejaría lo que tenía que hacer para poder hacerte compañía
- ¡Wow! Explícame bien eso, Sally - Contestó el todavía embobado.
- Si, verás, que si mañana, por lo que sea, no quieres ir a clase, yo podría hacer que pasaran lista en mi nombre y quedar contigo - Decía pegándose aún más a él, a la vez que le daba un pequeño lametón en la oreja.
- Mmm... Sigo sin entenderlo bien. ¿Podrías concretarme un poco más, por favor?
- Siii, a ver si con un ejemplo lo entiendes mejor - Contestó y comenzó a recorrer su cuello a besos poco a poco.
- ¿Y bien? - Preguntó él impaciente.
- Vamos a ver, Tom - contestó bruscamente - me parece que no lo estás pillando. Me refiero a que tal vez podríamos estar un rato tu y yo... no se si me entiendes - decía a la vez que con la mano le recorría el cuerpo de arriba abajo desde el pecho.
- ¡De verdad, qué complicadas sois las mujeres, no hay quien os entienda! - Admitió Tom finalmente.